Aunque ciertamente hay algunos que, debido a su forma de pensar, lo rebatirán, la verdad es que vivimos en un universo muy benéfico. El bien inherente en todo es mayor y más poderoso que las fallas que podemos percibir. Cuando elegimos reconocer que el bien está presente, incluso en esos momentos en los que no se puede percibir a primera vista, las imperfecciones se disuelven.
Imagínate por un momento que te despiertas en un cuarto sin ventanas, totalmente oscuro. Sabes que en ese cuarto, en algún lado, hay un interruptor de luz y, aunque no lo puedes ver, andas a tientas en la oscuridad, tocando las paredes hasta que, por fin, tu mano lo encuentra. Tampoco puedes ver la corriente eléctrica que fluirá en el momento en el que enciendas el interruptor, pero, basándote en experiencias anteriores, sabes que ahí está. Sin dudar, enciendes la luz y respiras con alivio al ver que la luz ilumina el cuarto; la oscuridad se disuelve instantáneamente. Lo mismo sucede cuando elegimos bendecir a la gente y a las circunstancias a nuestro alrededor. Así como la luz elimina la oscuridad cuando permitimos que fluya la electricidad, así fluye el bien inherente en una situación para eliminar nuestras limitadas percepciones del mal.
A medida que bendecimos a todos y a todo, permitimos que esta verdad superior de la bondad universal fluya hacia todos los aspectos de nuestra vida, poniendo inmediatamente nuestra mente y nuestra alma en contacto consciente con lo divino. Como resultado, lo bueno se incrementa y lo que pensábamos que eran fallas empieza a disolverse. Cuantas más bendiciones brindemos, mayor es la corriente de bien inherente que comienza a fluir, derramando luz en cada esquina que antes encontraba oscurecida por nuestra percepción. Cada mal o falla percibida desaparece, cada limitante se desvanece y cada situación mejora a través de nuestras bendiciones.
Asumimos nuestro poder y, cuando nos sentimos poderosos, cualquier mal al que nos enfrentemos, como la oscuridad al toparse con la luz, no tiene otra opción que desaparecer. Para aquellos de nosotros que elijamos seguir el camino de las bendiciones hacia la prosperidad, es muy importante que recordemos frecuentemente que el bien está presente, incluso cuando no podamos verlo. Requerimos ver todos los obstáculos en el camino como peldaños y entender que cada condición externa, sin importar qué tan permanente e imposible parezca, puede cambiar y cambiará hacia lo positivo, siempre y cuando busquemos todo lo bueno. Bendecir es pedir que el bien llegue.
La Acción del Día:
enciende la luz, sin importar lo que ocurra, sin importar las situaciones que se te presenten, sin importar cuánto miedo te cause algo o alguien. Deja que la luz de una bendición fluya hacia la situación, permítete reconocer que, aunque no lo reconozcas inmediatamente, el bienestar presente continúa bendiciendo a aquellos a quienes elegiste en tu acción anterior.

El Pensamiento del Día:
Vivir en constante contacto espiritual con el bien mayor que existe en todos es abrir la mente a una fuerza y felicidad que no pueden ser medidas.
– Christian D. Larson, de «El camino de las rosas».