Frecuentemente, cuando la gente habla de dar, nuestros pensamientos automáticamente se dirigen hacia el dinero. Quizás por eso muchos de nosotros hemos desarrollado una resistencia a dar. Sin embargo, hay cosas que podemos dar que son mucho más valiosas que el dinero.
La película que sigue proporciona un buen ejemplo. La primera vez que Kate vio esta película, le recordó las palabras de Rumi, un poeta y místico persa del siglo XI, quien hablaba de un hombre que pasó junto a un limosnero en la calle y preguntó: “Dios, ¿por qué no haces algo por esta gente?” Dios respondió: “Hice algo, te hice a ti.”
Dejaré el enlace de la película en la descripción de este video. Si ya no está disponible en esa liga, puedes buscarla como La historia de un letrero en YouTube, una obra orgullosamente hecha en México. De todos modos, aquí tienes la versión escrita:
La historia de un letrero
Un hombre de edad avanzada, ciego, estaba sentado en la esquina de una plaza con una lata a sus pies y, junto a él, un letrero que decía: “Ten compasión, estoy ciego.” Solo había unas cuantas monedas en la lata.
Un hombre que pasaba por ahí se detuvo, miró al anciano y debatió si agregar monedas o no a la lata. En lugar de eso, tomó el letrero, lo volteó y escribió unas palabras. Luego regresó el letrero para que todos los que pasaran pudieran leer las nuevas palabras.
Pronto, la lata comenzó a llenarse. Mucha más gente le daba dinero al hombre ciego. Esa tarde, el hombre que había cambiado las palabras regresó para ver cómo iban las cosas. El hombre ciego reconoció sus pisadas y le preguntó:
—¿Eres tú el que cambió mi letrero esta mañana? ¿Qué escribiste?
El hombre respondió:
—Solo escribí la verdad. Dije lo que tú dijiste, pero con otras palabras.
Lo que escribió decía: “Hoy es un hermoso día, y no puedo verlo.”
Ambos letreros decían que el hombre estaba ciego, pero mientras que el primero simplemente informaba de su situación, el segundo apuntaba hacia las cosas que los lectores podían agradecer en sus propias vidas, despertando la generosidad dormida en ellos.
La Acción del Día:
Lee tu plan de negocio para la prosperidad y las 11 cosas de tu lista de agradecimientos.
Toma un momento para pararte firmemente con un brazo alzado hacia el cielo, el puño firme, como si te estuvieras agarrando de la mano de Dios. Ahora, ya sea verbal o mentalmente, repite:
“Con Dios como mi testigo, hoy soy poderoso. Hoy soy valiente. Hoy soy fuerte. Hoy estoy libre de miedos. Hoy prospero y vivo cada momento de este día abrazando mi verdadera naturaleza, siendo la persona que estoy destinada a ser. De hoy en adelante, esta es mi verdad.”
Coloca tu cuota de dinero del día de hoy en tu contenedor y lee la afirmación que está en el contenedor tres veces. Espera recibir algo en regreso. Bendice a todos los que están a tu alrededor, incluyendo a los otros participantes en este experimento.
Imagina cómo aquellos a quienes bendices prosperan y se rodean del bien. Entonces, bendícete a ti mismo e imagina lo mismo. Lee todas las bendiciones que llegan por correo electrónico. Tus bendiciones están haciendo una diferencia. Leer las respuestas te dará la oportunidad de verlo por ti mismo.

El Pensamiento del Día:
«Una vida rica consiste fundamentalmente en servir a los demás, tratando de dejar el mundo un poco mejor de cómo lo encontraste.»
por Cornel West