Había una vez una liebre muy veloz llamada Harry D, quien siempre presumía que podía cambiar su vida en cualquier momento, sin necesidad de modificar su forma de pensar. La tortuga, conocida como Lee el Consistente, estaba cansada de escuchar sus alardes y lo retó a una carrera.
Todos los animales del bosque se reunieron para presenciar el evento. Harry D comenzó a detallar todos los cambios dramáticos que planeaba hacer, y los animales le aplaudieron. Sonriendo con petulancia, levantó sus patas delanteras en señal de victoria para demostrar lo confiado que estaba. Luego se recostó junto al Árbol del Juicio, mirando a Lee el Consistente, y le gritó:
—¿Cómo esperas ganar esta carrera si piensas a un ritmo tan, pero tan lento?
Mientras tanto, Harry D, pensando que tenía tiempo de sobra, se relajó. Comenzó a divagar sobre temas que lo inquietaban: el mal sabor del pasto cerca de su casa, el aumento injusto de la renta, lo molesto que era su vecino, el Cuervo, y las dificultades para conseguir un buen seguro para su familia. Así, perdido en sus pensamientos, pasó el tiempo sin notarlo.
Después de un rato, Harry D miró hacia atrás y vio que Lee el Consistente apenas había avanzado un poco. Aburrido de las afirmaciones que la tortuga repetía, bostezó y decidió dormir una siesta. Antes de cerrar los ojos, pensó:
—No hay de qué preocuparse. La tortuga está muy atrasada, no tiene ninguna posibilidad de alcanzarme.
Mientras tanto, muy atrás, Lee el Consistente seguía avanzando lentamente, repitiendo afirmaciones positivas y visualizando sus metas como si ya fueran realidad. No permitía que los pensamientos negativos lo distrajeran, y los animales que observaban empezaron a notar su perseverancia.
Los gritos de ánimo para la tortuga despertaron a Harry D. Alarmado, frunció el ceño y comenzó a imaginar posibles escenarios. Pero era demasiado tarde. Lee el Consistente cruzaba la meta, disfrutando del logro que tanto había deseado.
Desde ese día, Harry D aprendió la importancia de la constancia. Comprendió que los cambios más significativos no provienen de un comienzo emocionante o de ideas pasajeras, sino de un esfuerzo lento y continuo. Como la tortuga, debemos persistir, enfocándonos en nuestros objetivos, agregando pensamientos y emociones positivas a diario.
La lección que esta fábula nos deja es clara: no se trata de detenernos a descansar esperando que nuestros deseos se materialicen por sí solos. Se trata de avanzar con firmeza, desarrollando fortaleza mental y regresando constantemente a las imágenes de lo que queremos lograr. Aunque el mundo nos diga que es imposible, aunque otros nos llamen ilusos, aunque sintamos ganas de rendirnos, debemos seguir adelante.
Una nueva vida no es algo que se nos da; es algo que tomamos con determinación, negándonos a soltar a pesar de los desafíos. Crear la vida que deseamos no es difícil, pero sí demanda atención, constancia y amor por nuestros sueños.
Tarea del día: escribe tres formas en las que puedes aportar más valor a tus interacciones personales, profesionales o incluso a un desconocido. Comparte tu lista con otros y observa cómo, al agregar valor a tus intercambios, también te enriqueces a ti mismo
La Acción del Día:
Lee tu plan de negocio para la prosperidad y las 11 cosas de tu lista de agradecimientos.
Toma un momento para pararte firmemente con un brazo alzado hacia el cielo, el puño firme, como si te estuvieras agarrando de la mano de Dios. Ahora, ya sea verbal o mentalmente, repite:
“Con Dios como mi testigo, hoy soy poderoso. Hoy soy valiente. Hoy soy fuerte. Hoy estoy libre de miedos. Hoy prospero y vivo cada momento de este día abrazando mi verdadera naturaleza, siendo la persona que estoy destinada a ser. De hoy en adelante, esta es mi verdad.”
Coloca tu cuota de dinero del día de hoy en tu contenedor y lee la afirmación que está en el contenedor tres veces. Espera recibir algo en regreso. Bendice a todos los que están a tu alrededor, incluyendo a los otros participantes en este experimento.
Imagina cómo aquellos a quienes bendices prosperan y se rodean del bien. Entonces, bendícete a ti mismo e imagina lo mismo. Lee todas las bendiciones que llegan por correo electrónico. Tus bendiciones están haciendo una diferencia. Leer las respuestas te dará la oportunidad de verlo por ti mismo.

El Pensamiento del Día:
«En esencia, si queremos dirigir nuestras vidas, debemos de controlar nuestras acciones consistentes. No es lo que hacemos de vez en cuando lo que le da forma a nuestra vida, sino lo que hacemos consistentemente.»
-Tony Robbins