Uno de los más grandes hábitos que puedes desarrollar es el de dar a los demás libre y alegremente: dar lo más que puedas y tan frecuentemente como puedas. La forma más sencilla de desarrollar este hábito es buscar cualquier oportunidad para dar y concretarla, ofreciendo lo que esté a tu alcance.
Cuando das, sin importar si recibirás algo a cambio, la energía que envías regresa de las formas más extraordinarias. No es necesario preocuparse por cómo o cuándo volverá; simplemente, concéntrate en la alegría que sientes al dar algo de ti.
Al dar alegremente, amorosamente, abiertamente e incondicionalmente, la ley de causa y efecto entra en acción, devolviendo mucho más de lo que entregaste.
Frecuentemente, al pensar en la palabra “dar”, nos enfocamos únicamente en el dinero. Si estás experimentando carencias en tu vida, es común pensar que no tienes suficiente para ofrecer. Este pensamiento perpetúa la energía de escasez y limita tus experiencias.
El propósito de usar un contenedor para dinero es ejercitar el músculo de dar. Sin embargo, si sientes que aún no estás listo para hacerlo, mira a tu alrededor y da lo que puedas: una sonrisa, un acto simple de gentileza, atención, tiempo, entendimiento o ayuda. Lo que sea que des, lo recibirás multiplicado.
El dar y recibir no es un juego universal de “memoria exacta”, donde todo vuelve de la misma forma. Más bien, es un proceso continuo que beneficia a todos los involucrados. Da con gracia y gratitud.
Dar de mala gana reduce la energía tanto del que da como del que recibe. Por otro lado, dar sin agradecer la oportunidad de hacerlo te priva de disfrutar plenamente el proceso.
Vivimos en un universo divino y ordenado, que funciona con precisión matemática. Al cuidar a otros, te cuidas a ti mismo de forma tan exacta como sumar dos más dos. Cuando ayudas a otros a vivir mejor, tu vida también mejora.
Como hemos discutido a lo largo de este experimento, el universo está hecho de energía, y esta siempre está fluyendo. Dar te coloca en ese flujo, armonizándote con lo bueno.
No importa lo que desees; al ayudar a otros a conseguirlo primero, te integras al abundante flujo de lo que has dado. Si estás participando en este experimento, seguramente buscas una vida más próspera. La forma más rápida de obtenerla es ayudando a otros a prosperar.
¿Cómo lograrlo? Enseñando a otros lo que has aprendido. Si alguien te comparte una necesidad, no te sientas mal. Explícale lo que sabes sobre adoptar una mentalidad próspera. Da, comparte y ayuda.
Cuando ayudas a otros con frecuencia y de todas las formas posibles, el universo responde superando tus expectativas. Abre tus ojos, tu mente y tu corazón al mundo que te rodea. Busca activamente oportunidades para dar.
Las oportunidades de dar, ya sea material, emocional o espiritualmente, son infinitas. Al buscarlas, aparecerán ante ti como faros en la noche.
El recibir es una parte vital del proceso de dar. Espera recibir, pero no des con la intención de obtener algo a cambio. Dar con expectativas no es dar; es apostar con el universo, y eso siempre lleva a perder.
Da por el simple gusto de dar, con la certeza de que recibirás porque es una parte natural del proceso. Da lo que puedas, incondicionalmente, pero recuerda que tu valor personal no depende de cuánto das.
Eres un vehículo por el cual fluye lo bueno. Ya eres valioso por ser quien eres, no por lo que das. Si alguna vez crees lo contrario, es un error que cambiará conforme permitas que más amor y alegría entren en tu vida.
Agradece la oportunidad de dar y siente felicidad al tener algo para ofrecer. Disfruta el proceso de dar en su totalidad, y el universo responderá en el momento más oportuno y de la manera más benéfica.
Es un hábito mágico del que nunca querrás deshacerte.
La Acción del Día
Lee tu plan de negocio para la prosperidad y revisa las 11 cosas de tu lista de agradecimientos.
Realiza esta visualización: Párate firmemente con un brazo levantado hacia el cielo, con el puño cerrado, como si estuvieras sosteniendo la mano de Dios. Verbal o mentalmente, repite:
Con Dios como mi testigo, hoy soy poderoso. Hoy soy valiente. Hoy soy fuerte. Hoy estoy libre de miedos. Hoy prospero y vivo cada momento abrazando mi verdadera naturaleza, siendo la persona que estoy destinada a ser.
De hoy en adelante, esta es mi verdad.
Coloca tu cuota de dinero del día en tu contenedor y lee tres veces la afirmación escrita en él.
Bendice a quienes te rodean, incluidos los participantes de este experimento. Imagina cómo prosperan y se rodean de bondad. Luego, bendícete a ti mismo e imagina lo mismo para ti.
Lee las bendiciones que llegan por correo electrónico. Esto te recordará que tus bendiciones están marcando una diferencia.

El Pensamiento del Día:
«Para que vivimos, si no es para hacernos la vida menos difícil los unos a los otros.»
–George Eliot